ABORTO RUIN GARRAFÓN

“Que sí, que yo te arreglo de del aborto, Ratzinger”
Lo de que el Partido Popular incumple sus promesas es falso. Algunas promesas las cumplen, lo que ocurre es que cumplen las que les interesa. En pleno siglo XXI, y en plena crisis, no han encontrado una forma mejor de ser útiles que reformando la ley del aborto. 
Y es que el partido que se pasa el día llenándose la boca con las palabras “herencia recibida”, es realmente el fruto de la semilla fascista que se instaló en la iglesia católica durante la pasada dictadura. Y cuando digo fascista lo digo con todas las de la ley, porque aunque haya honrosas escepciones dentro de muchos miembros de la iglesia, los que ostentan el poder desde esa época han sido los más afines a las ideas del régimen, el de antes y el de ahora, porque ahora volvemos a tener ese régimen, nos guste o no, disfrazado de democracia pero dictadura al fin y al cabo, porque un parlamento donde no hay consenso con nadie es una dictadura, y más cuando las leyes que se han aprobado no tienen nada que ver con el programa electoral esgrimido para alcanzar esos votos.
Así que como la derecha ultracatólica de este país siempre ha apoyado al franquismo, luego a Alianza Popular y por último al Partido Popular, ya que son la misma cosa, ahora piden que se reforme la ley del aborto, aplicando sus creencias teológicas y religiosas, dentro del derecho de las españolas, independientemente de la religión de éstas. 
Es aquí donde se produce la mayor perversión. Se habla del derecho a la vida por encima del derecho de decisión. Se pretende mandar sobre el cuerpo de la mujer, que es quien debería tener la última palabra sobre si está preparada o no para sacar adelante una vida. Porque una vida no es un embrión, ni un feto; hablamos de individuos, y que yo sepa, para la iglesia el individuo no se tiene en cuenta cuando se habla de la existencia de una voluntad superior. Por lo tanto, nosotros como humanos, no podemos alcanzar nunca esa voluntad superior. En nuestra mano está pues, el legislar para los indivíduos, y no al contrario.
Y luego está la parte de la coacción. Nadie coacciona a una mujer para que aborte. Bastante difícil debe ser para ella la decisión en un momento dado. Pero es su decisión, y puede tomarla o no. Si una mujer por principios o por creencias no quiere abortar, nadie le obligaba con la ley vigente a ello. Por el contrario, si la ley no le reconoce el derecho al aborto, la está coaccionando, la está excluyendo del sistema al declarar su decisión personal como un acto ilegal. Y no se trata sólo de una prohibición sólo de un acto físico, si no, del daño emocional que ese sentimiento le puede acarrear. ¿Se tiene que sentir culpable?…Claro, como la mujer es fuente de pecado mejor calladita y temerosa de Dios y de su divina justicia..
Y luego viene la parte que no nos cuentan.. ¿Qué pasa si alguien que quiere abortar no puede hacerlo?. ¿Qué ha pensado hacer este gobierno si una madre y un padre no puede hacerse cargo de sus hijos?¿Darlos en adopción?, ¿Cómo hicieron con los bebés robados hace treinta años?. Donde hubieron llamas, siempre quedan ascuas..

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