MIS FANÁTICOS PAPIS

Esto es un “ordenado” acto religioso
 Hace pocos días, en una red social, me llegó una foto de los actos de la exaltación de la Virgen en Valencia. En esa foto, se veía a un niño pequeño, casi un bebé, llorando en brazos de alguien que sobre una multitud lo acercaba a tocar la talla de la Virgen, la “Geperudeta” que le llaman aquí en Valencia.
A mí, se me quedó grabada la cara del niño: cara de miedo, inseguridad, lágrimas. En ese momento tuve una imagen mental de los padres del niño. Los vi como unos egoístas descerebrados, unos idiotas que prescindían de todo cuidado con la seguridad de su hijo para satisfacer un capricho suyo de puro fanatismo religioso.
La cosa no fue a mayores y al niño no le pasó nada, y volvió a los brazos de sus padres que seguro que lo abrazaron como si ahora el niño fuese un pan bendecido o cualquier otro objeto de superstición popular de los que se ponen en las vitrinas de las casas para ver si traen trabajo, salud o cualquier otra cosa que pueda caer desde el cielo.
No es exclusivo de la iglesia católica este tipo de celebraciones. La peregrinación anual a La Meca, nos trae siempre esas imágenes de multitudes dando vueltas alrededor de la Kaaba para terminar dando un beso a la piedra negra; en la India también se forman grandes aglomeraciones de fieles hindúes a orillas del Ganges.
El hecho de que este tipo de celebraciones se celebre, por tradición religiosa, no quita para mi, el hecho de que se deban realizar bajo el criterio del sentido común. Ha pasado más de una vez que en una aglomeración de este tipo, han fallecido personas por aplastamiento, empujones o pisotones, porque un pequeño detonante que empuje a una masa humana hacia el pánico y el desorden puede ocasionar estos tristes accidentes.
Aquí es donde entran en juego las autoridades, tanto civiles como de la iglesia. Si saben que se celebra un acto de este tipo, donde los fieles quieren tocar una figura de madera todos a la vez, deben de organizarlo para que lo hagan de forma segura, o directamente prohibirlo. Porque yo, cuando veo imágenes como la de ese niño, por encima de una multitud, convertidos en energúmenos (por mucho disfraz de fervoroso catolicismo que quieran ponerse) se me ponen los pelos de punta; porque los accidentes ocurren, sí, pero si se minoran los riegos se pueden evitar.
Eso sí, queda muy bien la foto de la figurita de madera rodeada de fieles. Eso es marketing puro. A la iglesia le viene muy bien, esa imagen de fervor popular, demostración muy sutil de su poder de manipulación de las personas con supersticiones.
A los políticos también les parece bien eso de “mantener las tradiciones”, pero hay una cosa que se llama “deberes públicos” y ninguna celebración por muy religiosa que sea debería eludirlos. Uno de ellos es el mantenimiento del orden público, pero si me extiendo, también podría hablar de la especial protección del menor, aunque sea de la falta de conocimiento de sus propios padres.
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Esta entrada fue publicada en exaltación de la virgen Valencia, fanatismo religioso, padres irresponsables. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a MIS FANÁTICOS PAPIS

  1. Dios ver las imagenes por television da escalofrios que se piensa la gente que por tocar un santo su niño va a ser más en la vida..lo cierto es que creo que etas costumbres demuestran el grado de evolucion de este país…asi nos va la verdad

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