FARAONES CON BOINA

Si alguna vez pensamos en los egipcios, a todos nos viene a la mente su legado arquitectónico más llamativo, que eran las pirámides. En el caso de los romanos, tendríamos la imagen del Coliseo, los grandes acueductos, sus carreteras. En la Edad Media, los señores Feudales llenaron todo de Castillos, Iglesias y Catedrales que han perdurado hasta nuestros días.

Quizás antiguamente. los que hacían u ordenaban hacer esas grandes obras buscaban algo más que amontonar piedras.  Bien por motivos de ego, religiosos, o de necesidad, hicieron un esfuerzo enorme económico y muy costoso para su época, que hoy aún nos deja boquiabiertos cuando podemos tocarlos o fotografiarlos.

Eran tiempos en los que las decisiones se tomaban por unos pocos líderes y la mayoría de la población acataba sin rechistar y no se planteaba si eran o no necesarios. Se construía por orden de un Faraón, por el capricho de un señor Feudal o para proteger una frontera de los invasores, como hicieron los chinos con la Gran Muralla. El pueblo llano, que en la mayoría de los casos era quien pagaba de una forma u otra estas obras, cuando no se dejaba la vida trabajando en ellas, poco o nada tenía que decidir. Y aunque pudiese, no tenía muchas veces ni siquiera la capacidad de discernir si esto era bueno o malo, ya que no tenía acceso a la cultura ni a la información.

Ahora tenemos unos nuevos faraones. Estos no necesitan ejército ni usar la fuerza. Tiran de billetera. Se les reconoce porque visten con traje pero se les nota la marca de la boina en la frente; son los faraones del ladrillo. A diferencia de los antiguos faraones, estos no buscan que nadie les reconozca por sus hazañas, ni dejar nada para la posteridad. Sólo buscan llenarse los bolsillos lo más rápido posible. Y lo malo es que lo consiguen con demasiada facilidad.

Su obra ya no necesita perdurar en el tiempo, sólo necesitan terreno y ellos a golpe de excavadora no encuentran obstáculo ni ante unas ruinas romanas, ni ante un territorio natural protegido. Ganan dinero a espuertas y cuentan con la complicidad de los políticos, que a su vez gozan de la complicidad de sus votantes.

¿Y cómo se consigue la complicidad de un votante? Pues muy fácil, porque aunque en pleno siglo XXI el acceso a la información es facilísimo, la ignorancia es muy cómoda, y si encima el político te promete que “no te va a faltar trabajo ni a ti ni a tus hijos”, pues el votante ignorante se lo cree.

Y así en la Provincia de Valencia, tenemos un montón de Macrocentros Comerciales y unos funcionando a medio gas y los últimos construidos ganando dinero. Pero es el sistema, unos cierran y otros abren y las Franquicias siempre son las mismas y el que cierra hoy aquí mañana abre otra ahí.

Así que estos “grandes proyectos” no tienen otro fin que engordar al gorrino rápido para comérselo pronto, y el que venga detrás que arree. Y si para ello me tengo que cargar un paraje natural, unas dunas protegidas o unos baños romanos me lo cargo, que seguro que de aquí 10 años todo el mundo lo habrá olvidado y podré hacerlo otra vez.

Y mientras, eso sí; usaremos la bandera y el patriotismo imbécil haciendo de él nuestra seña de identidad y cuando nuestro nietos nos pregunten cómo era nuestra ciudad o pueblo, le enseñaremos una foto, porque no se habrá respetado nada que no sea el puñetero cemento.

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